miércoles, 27 de mayo de 2009

Cuándo el petróleo era la esperanza de los Burgaleses

El descubrimiento de “oro negro” en el páramo burgalés  fue uno de los “logros” que la España de la dictadura utilizo para darse una imagen de nación fuerte.  El petróleo había sido el motor de la Segunda Revolución industrial y, aunque las prospecciones habían  comenzado a principios del siglo XX, no se había encontrado nunca nada, hasta que el día 6 de junio de 1964 la prensa confirmo lo que muchos llevaban esperando mucho tiempo.

Ese día en Diario de Burgos en titular de primera página aparecía: “El Ministerio de Industria informa al Gobierno de que el campo petrolífero de Ayoluengo puede ser de estimable importancia”. El descubrimiento  supuso un fuerte impacto en la zona.  La población rural que hasta entonces se había dedicado a trabajar la tierra veía una nueva esperanza. Creían que ese descubrimiento iba a suponer el comienzo de una etapa de prosperidad, de riqueza, para todos ellos. Algunos denominaron a la zona como el “Texas español”, todos esperaban que ese petróleo cambiara totalmente sus vidas. Se habló de construir una refinería en la provincia para procesar el crudo, pero sin embargo la realidad fue muy distinta, bastó con construir una pequeña tubería que uniera la zona, con la carretera nacional de Burgos a Santander, para recoger allí el petróleo en pequeños camiones y llevarlo a las industrias cercanas para quemarlo, que era para lo único que servía.

Pronto se verían torres de prospección en medio de los campos de trigo, las espigas se mancharon de negro. De repente, un pueblo rural del que nunca se había hablado antes,  se llenó de periodistas, políticos y gentes de distintos lugares. Todos tenían muchas esperanzas depositadas en el petróleo burgalés,  eran los tiempos del crecimiento económico y de los planes de desarrollo en España. Sin embargo estas esperanzas iniciales se fueron desvaneciendo a medida que se iban agotando los pozos.  Uno de los problemas que impedían llevar a cabo una extracción rentable del crudo, era que el yacimiento estaba fragmentado, lo cual hacía necesario el uso de más maquinaria y por lo tanto de más recursos económicos.

El petróleo era de mala calidad, su refinación no era posible porque la composición química de éste, estropeaba los catalizadores de la refinería, por lo que  se comercializaba en bruto a industrias del vidrio de Cantabria y del País Vasco.  Para algunos, se había afianzado la idea de la autarquía era posible, sin embargo, este petróleo que había despertado esperanzas entre  la población de un pequeño pueblo,  se desvaneció. Aquel suceso que durante un tiempo abría portadas en el diario regional, fue cayendo poco a poco en el olvido.  En 1990, Repsol abandonó la mitad de los pozos por su falta de rentabilidad, y hoy día, 45 años después de que ese primer chorro de petróleo brotara de la tierra castellana,  se apuesta por aprovechar la energía del viento, cómo un remedio para solucionar la complicada situación económica que sufre la zona. Quizá, esta energía limpia e ilimitada no pase al olvido.

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