miércoles, 27 de mayo de 2009

El petróleo representa un 49 % de todo el consumo actual de energía en España.  Algunos expertos creen que, teniendo en cuenta las extracciones existentes y las que faltan por encontrar, las reservas de petróleo se agotarán entre los años 2020 y 2040, por lo que debemos tratar de buscar nuevas formas de obtener energía, una nueva energía que no destruya nuestro planeta y que no se agote.

Todos hemos oído hablar de las consecuencias que derivan del uso del petróleo y de sus derivados, pero las más conocidas por todos son: la lluvia ácida y el efecto invernadero. La lluvia ácida se forma cuándo la humedad del aire se mezcla con los ácidos procedentes de la combustión de hidrocarburos que  han sido  expulsados a la atmosfera.  Cuándo estos químicos disueltos en el agua, caen en forma de precipitaciones, se produce la acidificación de los suelos, de los ríos y mares; con el resultado de la destrucción tanto de la vegetación, como  de la vida marina.  El efecto invernadero se produce por la concentración en la atmosfera de gases,  como el dióxido de carbono o el metano, que hacen que la energía procedente del sol que refleja la tierra debería reflejar, no salga directamente al espacio, si no que se mantenga en la atmosfera, lo cual provoca el aumento de las temperaturas.

La concentración de los gases de efecto invernadero ya han provocado la elevación de la temperatura en la Tierra. Este calentamiento está haciendo que se derritan los glaciares y los casquetes polares, y como consecuencia de esto se cree, que si llegaran a desaparecer, el aumento del nivel del agua sería de aproximadamente un metro. Esta subida tendría consecuencias catastróficas,  para los seres humanos ya que la mayor parte de la población mundial vive cerca del mar. Pero el calentamiento del planeta no sólo contribuiría al deshielo, sino que las sequías se agudizarían, aumentaría el número de incendios forestales, los mosquitos portadores de enfermedades expandirían su zona de distribución y se empujaría a especies a su extinción. España sería uno de los países más perjudicados por el cambio climático,  según el Hardley Center, se producirá un aumento de las temperaturas de 2,5 grados, las precipitaciones se  reducirán en un 10 por ciento, y la humedad del suelo en un 30 por ciento.

Hoy día se han dado algunos pasos para trata de controlar las emisiones de CO2 y tratar de que la temperatura del planeta no continúe subiendo.  En 1997 los países industrializados firmaron el protocolo de Kioto, por el que se comprometían a reducir las emisiones contaminantes. Los países firmantes se comprometieron a reducir las emisiones de los 6 gases más contaminantes un 5% entre los años 2008 y 2012 respecto las emisiones del año 1990. En la práctica  no se respeta el protocolo de Kioto. De hecho España es el país miembro que más dificultades está encontrando a la hora de aplicar este plan.

Una de las propuestas que se han presentado para reducir las emisiones, es enterrando el CO2 bajo tierra.  A esta técnica se la conoce como “captura y almacenamiento de dióxido de carbono” y consiste en  atrapar las emisiones de CO2 que se emiten en las plantas de energía, e introducirlas debajo del suelo.  Los ecologistas, por su parte, han protestado por la elevada financiación que es necesaria para poder utilizar esta tecnología. Afirman que con el dinero necesario para la captura del co2 se podría invertir en energías renovables, ya que estas además de no emitir CO2  no se agotan.

En algunos países se ha propuesto la construcción de nuevas plantas nucleares para frenar el cambio climático.  Una central nuclear en funcionamiento óptimo no emite CO2 a la atmosfera, sin embargo, la actividad de extracción del uranio es hoy día una de las actividades más emisoras de CO2. Además de esto, debemos enfrentarnos a que, en los procesos de producción de energía nuclear se generan residuos radiactivos que son muy peligrosos y que se deben enterrar bajo hormigón y plomo. Pero el mayor problema es el peligro que puede suponer un fallo en el funcionamiento de la central. Pero el mayor problema cuando hablamos de energía es el elevado peligro que puede suponer un fallo en el funcionamiento de las instalaciones. En la mente de todos está el incidente de Chernobyl  en 1986, cuando explotó uno de los reactores nucleares cuándo se realizaban unas pruebas de corte de suministro eléctrico. La radiación emitida en la explosión de Chernobyl dio tres vueltas al planeta y tuvo consecuencias muy negativas para la vida en la región, produciéndose deformaciones y muertes debidas a la radiación.

La gran dependencia de los hidrocarburos y el precio de estos han dado lugar a que se investigue el uso de biocombustibles como posible solución de futuro. Sin embargo, aunque se la considera una energía no contamínate no se la considera una energía verde.  La utilización de productos agrícolas para generar combustibles ha provocado que se eleve el precio de los alimentos, ya que se obtiene más beneficio utilizando esa materia para crear combustibles que venderles como alimento. En algunos países subdesarrollados ha aumentado el hambre como consecuencia de la subida de precios de los alimentos, además, en estos países ha comenzado la tala de selvas y bosques para poder disponer de terrenos para las plantaciones de biocombustibles; sin embargo los árboles eliminan proporcionalmente más co2, que el que se ahorra utilizando biocombustibles, por lo que este tipo de combustibles sean la solución definitiva para terminar con la dependencia actual del petróleo. Actualmente se ha comenzado a investigar la creación de biocombustibles de segunda generación.  Este nuevo combustible se produciría a partir de algas, residuos agrícolas y forestales y otro tipo de residuos. La diferencia fundamental es que éstos se van a elaborar a partir de mejores procesos tecnológicos y materias primas que no se destinan a la alimentación y se cultivan en terrenos no agrícolas o marginales.

Hay muchas fuentes de energía verdaderamente renovables con las que podríamos acabar con la dependencia actual del petróleo. El mayor problema al que se enfrentan, es que la producción de energía limpia es más cara y se obtiene menos cantidad de energía. Las energías renovables aportaron en 2008  el 7,6 % del consumo de energía primaria en España.  Aunque aún hay un largo camino, ya que, en  la conferencia europea de Berlín del año 2004 la Unión Europea estableció que el 20% del consumo energético debía cubrirse mediante energías renovables. Sin embargo, España se ha propuesto superar ese 20%. Greenpeace propuso al Gobierno en el año 2007 que se tratara de llegar a un 50% en el año 2020 y a un 100% en el año 2050.  Para ello le entregaron un informe al actual presidente del Gobierno, en el que se explicaba la propuesta y como podría llevarse a cabo.

 

 

Las energías limpias, son aquellas que no generan residuos como consecuencia directa de su utilización.  Podemos transformar energía a partir de fuerzas de la naturaleza como el sol, el viento, las caídas de agua, las mareas, o el propio calor de la tierra.  El Ministerio de Vivienda incluyó en el Código Técnico de Edificación la obligación de incorporar instalaciones solares térmicas en las nuevas construcciones.  Esta ley se comenzó a aplicar a partir del 29 de septiembre y con ella se pretende conseguir que las nuevas viviendas puedan producir entre un 30 y un 70 por ciento del agua sanitaria que necesitan, en función del lugar dónde esté y del consumo de agua.

De la energía solar podemos producir, además de agua caliente, energía eléctrica. Aprovechando la inestabilidad electrónica del silicio, podemos transformar la luz en una carga eléctrica que puede ser almacenada. Esta tecnología se enfrenta principalmente a dos problemas, por un lado el elevado precio que aún tienen los dispositivos fotovoltaicos,  y la posible escasez de silicio si se produjesen muchas pantallas de captación solar.


El viento es una de las energías renovables más importantes, a pesar de que es un recurso que depende del tiempo.  Obtienen la energía con el movimiento de sus aspas, que se trasmite a una turbina.  Para obtener energía los molinos deben tener un tamaño determinado y estar en zonas donde haya viento. La necesidad de estar en lugares expuestos al viento, produce a menudo una interrupción de la armonía paisajística y tener una repercusión negativa en las aves de la zona.

La transformación de materia orgánica en energía calórica o eléctrica se denomina biomasa.  Es una de las formas más complicadas de obtener energía,  ya que procede de muchos materiales,  hay muchas formas de transformación y diferentes rendimientos.   Entre la materia orgánica que podemos transformar, algunos de los que podemos encontrar son: residuos agrícolas, residuos municipales, restos forestales, residuos agrícolas.

La energía hidráulica es una energía renovable, pero no es del todo una energía limpia. Para obtener energía de la caída del agua, es necesaria la construcción de grandes presas.  Estas construcciones tienen un gran impacto medioambiental. Se inundan tierras cultivables, se producen  desplazamientos de habitantes, se alteran  los ecosistemas circundantes, disminuye el caudal del río,  son algunos de los impactos más importantes.

Existen muchas energías renovables que podemos utilizar para garantizar un mañana mejor para nuestro planeta. Actualmente tenemos una gran dependencia del petróleo y nadie se imagina como podríamos mantener nuestro actual nivel de vida si esta fuente energética se acabara. Por eso no podemos esperar a que se acabe para buscar soluciones, y lo que es más importante, no podemos seguir destruyendo el planeta con estas energías contaminantes. La solución es posible y está en las energías renovables.   El cambio no se llevará a cabo de un día para otro, pero poco a poco debemos comenzar a utilizar estas energías e ir reduciendo progresivamente el uso de energías no renovables.



Cuándo el petróleo era la esperanza de los Burgaleses

El descubrimiento de “oro negro” en el páramo burgalés  fue uno de los “logros” que la España de la dictadura utilizo para darse una imagen de nación fuerte.  El petróleo había sido el motor de la Segunda Revolución industrial y, aunque las prospecciones habían  comenzado a principios del siglo XX, no se había encontrado nunca nada, hasta que el día 6 de junio de 1964 la prensa confirmo lo que muchos llevaban esperando mucho tiempo.

Ese día en Diario de Burgos en titular de primera página aparecía: “El Ministerio de Industria informa al Gobierno de que el campo petrolífero de Ayoluengo puede ser de estimable importancia”. El descubrimiento  supuso un fuerte impacto en la zona.  La población rural que hasta entonces se había dedicado a trabajar la tierra veía una nueva esperanza. Creían que ese descubrimiento iba a suponer el comienzo de una etapa de prosperidad, de riqueza, para todos ellos. Algunos denominaron a la zona como el “Texas español”, todos esperaban que ese petróleo cambiara totalmente sus vidas. Se habló de construir una refinería en la provincia para procesar el crudo, pero sin embargo la realidad fue muy distinta, bastó con construir una pequeña tubería que uniera la zona, con la carretera nacional de Burgos a Santander, para recoger allí el petróleo en pequeños camiones y llevarlo a las industrias cercanas para quemarlo, que era para lo único que servía.

Pronto se verían torres de prospección en medio de los campos de trigo, las espigas se mancharon de negro. De repente, un pueblo rural del que nunca se había hablado antes,  se llenó de periodistas, políticos y gentes de distintos lugares. Todos tenían muchas esperanzas depositadas en el petróleo burgalés,  eran los tiempos del crecimiento económico y de los planes de desarrollo en España. Sin embargo estas esperanzas iniciales se fueron desvaneciendo a medida que se iban agotando los pozos.  Uno de los problemas que impedían llevar a cabo una extracción rentable del crudo, era que el yacimiento estaba fragmentado, lo cual hacía necesario el uso de más maquinaria y por lo tanto de más recursos económicos.

El petróleo era de mala calidad, su refinación no era posible porque la composición química de éste, estropeaba los catalizadores de la refinería, por lo que  se comercializaba en bruto a industrias del vidrio de Cantabria y del País Vasco.  Para algunos, se había afianzado la idea de la autarquía era posible, sin embargo, este petróleo que había despertado esperanzas entre  la población de un pequeño pueblo,  se desvaneció. Aquel suceso que durante un tiempo abría portadas en el diario regional, fue cayendo poco a poco en el olvido.  En 1990, Repsol abandonó la mitad de los pozos por su falta de rentabilidad, y hoy día, 45 años después de que ese primer chorro de petróleo brotara de la tierra castellana,  se apuesta por aprovechar la energía del viento, cómo un remedio para solucionar la complicada situación económica que sufre la zona. Quizá, esta energía limpia e ilimitada no pase al olvido.

“La mayoría de los burgaleses no sabe que se sigue sacando petróleo en la Lora”


Miguel Ángel Moreno Gallo, es profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos. Licenciado en Ciencias de la Información y en Geografía e Historia. Fue el coordinador del libro “El petróleo de la Lora, la esperanza que surgió del Páramos” y autor de los capítulos de Geografía y Prehistoria de esta publicación.

¿Cómo surgió la idea de escribir una obra sobre el descubrimiento de petróleo en la comarca de la Lora y que le llevó a participar en ella?

La idea procede de un grupo de amigos de Burgos, de profesores fundamentalmente, algunos de ellos residentes en Madrid. Nos reunimos varias veces al año, para hacer salidas al campo. Somos un grupo multidisciplinado donde hay  botánicos, ingenieros, geógrafos, es decir, lo más variado. Realizamos hace unos años un libro sobre el ferrocarril minero de la Sierra de la Demanda, entonces este grupo estable que ya habíamos realizado la primera edición nos propusimos hacer un segundo trabajo y pensamos en el petróleo de La Lora porque es un tema muy desconocido. Nos propusimos recuperar la historia y también aprovechar para hacer un estudio y una proyección del espacio físico y de la población dentro de la comarca de La Lora.

La parte principal de la obra está basada en el trabajo que nos hizo uno de los compañeros, Francisco Javier Ayala, que es un hombre brillante, que desgraciadamente ha fallecido,  y esta era su obra póstuma. Era investigador del instituto Geológico Minero  y se encargó de la parte técnica de la extracción del petróleo.

¿Dónde comienza la búsqueda de documentación sobre el petróleo?

Afortunadamente contábamos con este investigador,  que era profesor de historia de la ingeniería en la Universidad Complutense de Madrid, así que contábamos con una buena base. Buscamos en el Ministerio de Industria, en el Instituto Geológico y Minero de Madrid, es decir, en todos los organismos que se encargan de la gestión industrial del petróleo.  También hemos ido a los pueblos a hablar con los vecinos y hemos contactado con la empresa que explota todavía petróleo de La Lora.

Ha sido más interesante buscar hacia atrás, porque la historia del petróleo en Burgos no comienza en 1964 sino que las prospecciones petrolíferas comienzan a principios del siglo XX.

¿Por qué se tardó más de 60 años en encontrar petróleo?

Tardaron 60 años en encontrarlo y no lo han vuelto a encontrar, así que se ha encontrado un poco por casualidad. Se hicieron más de 100 prospecciones por toda la provincia a lo largo de todo el siglo. Por la estructura geológica y geomorfológica de la península uno de los lugares con más probabilidades de encontrar petróleo era el norte de la provincia de Burgos. De hecho la mayoría de las prospecciones se concentraron en esta zona.  Siguen teniendo fe en el petróleo, en la actualidad hay tres licencias de perforación concedidas.

¿Cómo cree que fue el impacto del descubrimiento en aquella población rural?

Fue una conmoción. Desde mediados del siglo pasado se vivía como en la edad media, la zona no había progresado nada y de repente aparece petróleo y todos piensan que se van a hacer ricos. La gente creía que les iban a dar mucho dinero por las tierras. El pueblo se vio desbordado, empezaron a llegar ingenieros, operarios, periodistas… Se abrieron bares,  restaurantes, hoteles incluso una gasolinera.  La alegría duro poco tiempo porque se supo que el petróleo tenía unas limitaciones químicas que no permitían destilarlo.  Por eso el libro se titula “la esperanza que surgió del páramo”. Fue una especie de bengala, que no dio más. Afortunadamente la agricultura allí no es mala, pero  es que es una zona muy inhóspita, por eso se está despoblando.

En esos días Diario de Burgos abría portada con la noticia del “Petróleo de Burgos”, ¿Cree que el gobierno de la dictadura utilizó la noticia del petróleo para mostrar una imagen de fortaleza?

En 1959 España estaba en quiebra porque se había tratado de llevar a cabo un sistema autárquico. En los años 60 España estaba económicamente pero que en los años 30, de repente aparece petróleo. Ese régimen, como hubiera hecho cualquier otro, lo aprovecho.  La noticia abría portadas y abría el nodo.

Cuándo TVE emitió “la tele de tu vida”, las imágenes del nodo estaban entre las 10 más importantes. ¿Aún se recuerda?

Estuvieron reviviendo aquello. Vino un equipo de Televisión Española y nos preguntaron por el petróleo.  En el imaginario colectivo todavía perduraba esto, pero como pasa con todas las noticias, cuándo pasa la moda quedan laminadas, hasta tal punto que la mayoría de los burgaleses no sabe que se sigue sacando petróleo en la Lora.

¿Cuándo empezó a desaparecer la notica del petróleo?

Muy de repente. En menos de dos años, cuándo se supo que no iba a haber oleoducto ni refinería, se dieron cuenta de lo que daba de sí.

¿Al petróleo no se le ha dado otro uso a parte de su quema?

Se utiliza como combustible pobre, no se puede refinar porque el coste es muy alto.

¿Con una subida del petróleo podría ser rentable extraer petróleo de Burgos?

Es rentable, si no lo habrían cerrado. Ha sido rentable a base de abaratar los costes. Para Repsol fue rentable porque lo usaron como campo de entrenamiento para los técnicos que enviaban al extranjero.  Últimamente es rentable porque lo extraen con muy pocos operarios y medios.

El petróleo tenía mucho gas que fue quemado porque era un estorbo. ¿Cree que si se hubiera descubierto hoy se podría haber aprovechado mejor?

El gas se habría utilizado. Pero aquí había poco petróleo y poco gas. Durante años el gas ha estado ardiendo.  Pero ya tienen un sistema para transformar ese gas mediante una turbina en electricidad que mandan a la red.

¿Cree que la propuesta de los aerogeneradores podría sacar a estos pueblos de su estancamiento?

Los pueblos reciben dinero por el alquiler del terreno, pero no dan empleo,  así que no generan riqueza; además espantan el turismo, los aerogeneradores deberían estar situados dónde no se produjera un impacto en el medio ambiente.

Lo normal sería pensar que los países que dispone de petróleo pueden mantener un nivel de vida mucho más elevado, sin embargo,  en la práctica ocurre lo contrario. El PIB de los países que exportan petróleo es muy elevado, pero esa riqueza no se reparte, al contrario, se concentra en unas pocas manos que llevan una vida lujosa mientras que el resto de personas viven bajo el umbral de la pobreza. Si dividiéramos el PIB entre el número de habitantes nos daría una cifra muy elevada por persona, pero, todos sabemos que esto no serían datos reales.

Por si fuera poco, los países productores de petróleo figuran en la lista de países con mayor índice de corrupción.  En el informe elaborado por Transparencia sobre el Índice de Percepción de la corrupción en el año 2004, otorgaba una mala nota a países como Angola, Chad, Libia, Nigeria y Sudán, países que son ricos en petróleo. Las operaciones de extracción de petróleo han otorgado, en algunos países,  fuerza a grupos que han establecido un sistema autoritario.

La fuente de riqueza y base de la industria de los países ricos es la que genera este sistema desigualitario en los países productores de petróleo.  Mientras que en el norte se utiliza el petróleo para generar riqueza, en el sur esa riqueza se concentra en las manos de los “jeques del petróleo”. El Producto Interior Bruto no se ve reflejado en la mejora de las condiciones de las personas que viven en ese país; Guinea,  que es el tercer país productor de petróleo del continente Africano, figura en el puesto número 127 en el  Índice de Desarrollo Humano del programa de Naciones Unidas para el desarrollo.

La mayor parte del petróleo se destina a la exportación a los países ricos, y son los países ricos los que lo utilizan, así que son estos los que están contaminando el planeta. Las consecuencias provocadas por el cambio climático las sufrirán sobre todo los países pobres. Las sequías, las inundaciones, las tormentas y los incendios forestales que pueden propiciar el cambio climático afectarán sobre todo a los países pobres, y por eso la Organización de Naciones Unidas ha solicitado a los países desarrollados que desembolsen 2.000 millones de euros con los que se pretende realizar proyectos de prevención en las regiones del planeta que más sufrirán el cambio climático.

El mapa que representa la producción del petróleo es  exactamente el contrario del mapa que representa el consumo del petróleo. Desde los países ricos, debido a la dependencia que actualmente tenemos del petróleo favorecemos la concentración de riqueza y a la vez destruimos el planeta, y como siempre, los que lo van a pagar son los países del sur, aquellos que viven por debajo del umbral de pobreza, mientras que nosotros vivimos en un mundo repleto de comodidades, un mundo en el que el petróleo hace marchar las maquinas en las industrias.